Al borde de la burla o del elogio, Pablo Sirvén escribe su Macri. Nuestros comentarios a la nota publicada en La Nación

 

Es de noche. La charla es con amigos y hay incertidumbre. Nadie entiende bien qué está pasando. A pesar de las diferencias ideológicas, en esto hay consenso. Al gobierno y, en especial, a Macri, se los percibe perdidos, desorientados, débiles. La preocupación es grande y nadie se anima, siquiera, a construir una interpretación acabada de la coyuntura. Comentamos que La Nación siempre le dio un relato al gobierno, que intentó explicarlo cuando flaqueaba.

Pero esta vez el relato es caricaturesco.

“…el Presidente estaba a bordo de una pequeña embarcación en los Esteros del Iberá mirando cómo un cocodrilo se escabullía en la orilla dentro de un espeso follaje”

Pablo Sirvén imagina un escenario exótico. Dice que a Macri le gusta dar sorpresas y justifica así el recambio de gabinete. Ubica al presidente en los Esteros del Iberá, mirando cocodrilos y, después, volviendo muy despacio a su casa para echar dos ministros.

El desconcierto de la política deviene, en la nota, política del desconcierto. Macri es, de pronto, un estoico o un estratega que, tranquilo, planea entre los pantanos la desintegración de su equipo. Un líder que vacaciona, resiste y mueve las piezas en un gigantesco tablero de ajedrez, que es la Argentina. “Nada hay que al Presidente le guste más que desconcertar con algo inesperado. Y siempre se guarda algún as en la manga”. No importa si ese as bajo la manga es, por ejemplo, la autodestrucción.

La imagen de Macri como genio secreto es poco creíble. Pero a Sirvén no le importa: escribe y escribe, hasta que esa imagen se agota y decanta por su propio peso. Al final de la nota, se derrumba. Macri resulta ser menos un político audaz que un tipo bastante aburrido, indiferente, un hombre cansado de esa presidencia que ganó por capricho. A medida que las palabras avanzan, Sirvén transforma a Macri en una mala copia de su padre, que agoniza en el hospital y pide que por favor lo maten en sus momentos de lucidez. El presidente es retratado como un hijo pródigo: sueña con dar charlas en Harvard mientras tiene que gobernar un país; se queja de la artritis en el brazo derecho mientras se muere el patriarca de la familia.

“Futbolero como es, aunque había desistido de ir a Rusia, igual viajaría a Moscú si el seleccionado llega a la final del Mundial. El futuro es una incógnita, no solo para Messi, sino también para el resto de los argentinos”

Para Pablo Sirvén el presidente es, al mismo tiempo, un estadista centrado, que privilegia su rutina para permanecer en equilibrio a la hora de tomar decisiones, y un personaje anodino, que preferiría “volver al anonimato, como si eso fuera factible”. Un político cuya virtud es la resiliencia y, a la vez, cierta estolidez, por no decir estupidez, que le permite seguir adelante, contestar la crisis con una sonrisa tensa y aprendida.

“En terapia ‘trabaja’ entender que no puede resolver todo de un día para el otro”

Difícil saber qué motivaciones hay detrás de la nota que publica La Nación o, incluso, qué es lo que la nota quiso decir. El Macri de Sirvén es extraño. Entre sabio e idiota, enfrenta los embates de la política con tenis y espíritu new-age. Al desconcierto en la arena política, se suma el desconcierto en el artículo. Su título, formulado como pregunta (En qué piensa y qué siente Macri cuando las cosas se complican y cuál es su cable a tierra) permanece sin respuesta ¿Piensa Macri en algún tipo de solución? ¿Su cable a tierra son los cocodrilos de los Esteros del Iberá? Incluso los comentaristas de La Nación, en general furiosos, se detienen a pensar esta vez. No deciden si la nota fue escrita por un chupamedias o por un oscuro humorista ¿Elogia Sirvén al presidente Macri o se ríe de él? En todo caso, ¿deberíamos reírnos del Macri que este periodista escribe?

En el preludio de una crisis -me arriesgo -, hasta los artículos de los medios más tradicionales se enrarecen. Las defensas políticas adelgazan y se convierten en cuentos, en compilaciones de anécdotas o en apostillas indescifrables. No sé si La Nación empieza a dudar de que exista un proyecto de país detrás de Cambiemos. Pero la duda cunde y empieza a generar sus propios relatos, sus propias lecturas. Por ejemplo, en una nota de Pablo Sirvén.

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